Lo último en maquinaria vitícola

Uno de los motivos principales de la expansión del uso de maquinaria en el viñedo, especialmente para la cosecha, es de orden económico. Con todo, una parte menor del viñedo chileno está mecanizada.

Las estadísticas no engañan: en Francia el 85 % del viñedo se maneja con máquina; en Estados Unidos la mecanización alcanza el 80 %; en Australia y España en torno al     50 % de las viñas están mecanizadas, mientras en Chile el uso de maquinaria en el viñedo sólo alcanza el 20 %  de la superficie plantada. En nuestro país cada 1.000 hectáreas de vides existe una máquina, en tanto en Francia la relación es de nueve máquinas por cada 1.000 ha.

Así como ha sucedido en el sur de Francia, donde el sistema de conducción de espaldera-que fue reemplazando al tradicional sistema en cabeza- ha facilitado el manejo del viñedo con máquina, en La Rioja, España, se estima que la mecanización terminará por imponerse en un plazo máximo de diez años.

Uno de los motivos principales de la expansión del uso de maquinaria en el viñedo, especialmente para la cosecha, es de orden económico: se calcula que una vendimiadora puede cubrir entre 5 y 10 hectáreas de viña en una jornada, haciendo el trabajo de 20 personas en un día.

En Chile la cantidad de vendimiadoras ha aumentado desde 30 en el 2001 a 126 en 2008, pero éstas se encuentran en manos de pocas viñas. La observación la hizo el ingeniero civil Enrique Matte, gerente comercial de Industrias Vínicas, durante el XI Encuentro de la Vid y el Vino celebrado en Talca.

Lo cierto es que la crisis de rentabilidad por la que ha atravesado la industria vitivinícola, y el panorama incierto que se ha generado a partir de la crisis financiera internacional, obligan a repensar algunas formas de hacer las cosas y evaluar caminos alternativos. En este sentido, la mecanización del viñedo puede ayudar a cumplir al menos tres objetivos importantes: reducir los costos, cosechar a tiempo y preservar una calidad óptima.

Según Matte, dependiendo de cómo se organicen las faenas y el uso de los equipos, los costos de la mecanización debieran ir disminuyendo progresivamente en relación a los costos actuales, donde existe una alta incidencia de la mano de obra.

Para la incorporación de maquinaria en la viña recomendó preparar el viñedo, organizar la operación de la cosecha para optimizar al máximo el proceso, incluyendo el transporte de la uva y la recepción en la bodega, e integrar al área enológica al sistema. Todo ello, dijo, permitirá rentabilizar la inversión.

 

Aplicaciones

 

Fundamentalmente son cuatro los ámbitos de aplicación de la maquinaria en la viticultura: cosecha, manejo de canopia, trabajos de poda y pulverizaciones, indicó Matte.

En palabras simples, la vendimiadora realiza su trabajo situándose sobre la espaldera, cerrando la parte inferior con unos capachos móviles plásticos o unas escamas retráctiles. Por medio de sacudidores hace vibrar la espaldera, haciendo que los granos de uva se separen del escobajo y caigan en los capachos. Estos van elevando los granos a la parte superior y durante su recorrido son succionadas las hojas que podrían venir mezcladas con la fruta. Posteriormente la uva es guiada por una cinta transportadora a los recipientes de almacenamiento.

Una vendimiadora con sistema de escamas retráctiles tienen un valor en torno a los 180 mil euros. También está la cosechadora de tiro (a unos 80.000 euros), conveniente para viñedos más pequeños, que puede ser autopulsada o adherirse a un tractor. Además, existen máquinas de segunda mano en cerca d 50 mil euros, pero el problema en este caso es determinar el estado real en que se encuentra el equipo y la disponibilidad de servicio técnico y repuestos para las mantenciones. En tanto, el costo del servicio de cosecha ofrecido por algunos prestadores fluctúa entre 150 mil y 180 mil pesos por hectárea, dependiendo de la superficie plantada total, distancias de plantación, condiciones del viñedo, señaló Matte.

En la cosecha también se usa la máquina despalilladora, un equipo que en su variante incorporada sobre la tolva de acumulación puede costar alrededor de 30.000 euros, según el representante de Industrias Vínicas. Si bien observó que en Europa “ya pasó el boom por este sistema”, puntualizó que es ideal para el trabajo en viñas destinadas a productos finos, pues entrega uva limpia y con poco jugo. Opera en forma similar a una cinta transportadora y eliminan las impurezas de mayor tamaño que el grano de uva.

En otra versión de despalilladora, la uva cae sobre una mesa vibradora formada por rodillos con aros perpendiculares a sus ejes, cuya función es hacer que los pecíolos, palos y maderas caigan. A medida que la línea se acerca a la tolva de acumulación la separación de los rodillos va aumentando para dejar pasar los granos.

Un implemento práctico para la cosecha es el carro de descarga, que se puede usar en viñedos angostos de difícil acceso para los camiones recibidores. Permite ahorro de tiempo en el uso de la máquina vendimiadora, así como en costos: “tiene un muy buen retorno si pensamos que un carro puede costar de orden de $ 5 millones y ahorramos un 20 % de tiempo ocioso, equivalente a 40 hectáreas por temporada, a 180 mil por hectárea, son $ 7,2 millones”, planteó.

En prepodadota hay varias marcas y modelos, a distintos precios, que alcanzan rendimientos de hasta 6,5 ha por turno de 10 horas. El sistema más usado se basa en cuchillos que giran sobre sí picando el sarmiento como una sierra. Existen equipos mixtos para prepoda y poda total, así como empresas que ofrecen el servicio (a unos $ 50 mil/ha).

En chapodadotas también la gama es amplia, con un precio mínimo de $ 10 millones. Los rendimientos se acercan a las 24 ha por jornada de 10 horas, con distancias de plantación de 2,5 metros entre hileras, pudiendo alcanzarse una alta velocidad de trabajo en viñedos planos. Entre lo último en este ámbito Matte destacó los equipos múltiples, como la chapodadota para cuatro y ocho hileras, o la que chapoda y hace labranza a la vez.

Para el deshoje los sistemas más tradicionales son los que cortan con cuchillo o tiran y arrancan. También está el mecanismo de chorro de aire que rompe la hoja. Y entre los más novedosos figuran el que aspira y “traga” entre rodillos y el que aplica calor a las hojas, las cuales se van secando hasta caerse.

En el raleo mecánico el proceso es similar al de la cosecha, pero usa sólo un par de sacudidores que golpean suavemente los racimos que están por debajo de la línea de fruta, para que estos no continúen madurando. La máquina se pasa cuando la baya está en tamaño de arveja.

Entre las pulverizadoras el gerente de Industrias Vínicas mostró el equipo electrostático –en que las gotas cargadas eléctricamente son atraídas por la planta que está en contacto con la tierra- que tiene una alta efectividad en la aplicación y menor consumo.

Fuente: Revista Vendimia

 

 

Corporación Chilena del Vino
 



Revista Vendimia



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