Lobesia Botrana: ¿Erradicable o no?

Los especialistas difieren respecto del nivel de propagación de la plaga y, en relación con ello, de la posibilidad de erradicarla, aunque coinciden en que el plan de manejo químico se inició muy anticipadamente.

Si bien es una plaga con la que los europeos conviven, la detección de Lobesia Botrana en nuestro país inquietó a las industrias vitivinícola y de uva de mesa, porque se desconocían sus efectos y la forma de controlarla. Ahora la preocupación va más por los costos que puede llegara involucrar su erradicación, toda vez que la autoridad ha diseñado un plan con el objetivo de eliminar la polilla de la vid, existiendo visiones encontradas entre los expertos respecto de las reales posibilidades de erradicar el insecto.

¿Pero cuál es el nivel de extensión de la plaga? Si bien aún no existe un diagnóstico acabado –al menos al cierre de la presente edición- sobre la magnitud de su intensidad, con las trampas instaladas a la fecha (10 mil de un total de 14 mil dispuestas para este año) las detecciones de Lobesia abarcaron desde la Región de Atacama, en Tierra Amarilla por el norte, a la Región del Maule, en Cauquenes por el sur, de acuerdo a lo informado oficialmente. La Región Metropolitana es la que tiene la mayor cantidad de áreas cuarentenadas.

Lo cierto es que los especialistas difieren respecto del nivel de propagación de la plaga y, en relación con ello, de la posibilidad de erradicarla, aunque coinciden en que el plan de manejo químico se inició muy anticipadamente, lo que disminuye la efectividad de los métodos de control. Paralelamente, al interior de la industria surgen voces que piden una forma distinta de abordar el problema, tanto por los altos costos que puede significar el programa fitosanitario propuesto inicialmente, como por el riesgo de que la fruta termine con residuos fuera de los límites permitidos.

 

La visión del SAG

 

Hasta ahora el diagnóstico parcial del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) es que “la situación sigue siendo acotada. Puede que aparezcan varios nuevos focos en varias regiones, pero no hay un fenómeno masivo”, señaló a Vendimia el director de la entidad, Francisco Bahamonde, puntualizando que “sea cual sea el diagnóstico final que tengamos, no cambia en nada nuestra definición política, que se resume en dos palabras: vamos a erradicar”. Un objetivo que se enmarca, dijo, en un estrategia mayor, que es avanzar hacia una agricultura con menos plagas y más competitiva.

En ese sentido, subrayó que independiente de la intensidad de la presencia del insecto, las restricciones y medidas a aplicar en las áreas cuarentenadas son las mismas, “sea que se encuentren una, dos o más polillas”.

Indicó que el arranque de corteza efectuado en la primera fase de la campaña durante el invierno debiera permitir bajar la presión de vuelo, indicador que se está utilizando para aplicar plaguicidas.

Por medio de confusores sexuales se detecta el vuelo de los adultos que, atraídos por la feromonas, caen en las trampas de ellas, cuyo efecto dura un período de seis meses. “Eso en la práctica consiste en instalar en el área cuarentenaza a 5 kilómetros cuadrados un techo químico que no tiene efecto sobre la fruta sino sobre la polilla. Ello, asociado al tratamiento químico, destinado a afectar distintos estados larvarios, va a ir permitiendo bajar la población. Sucesivamente lo que va a ir pasando es que las generaciones siguientes van a ser menores”, manifestó Bahamonde, quien precisó que seis años es la estimación inicial para erradicar la plaga.

En este contexto, el director destacó la importancia de que los productores se informen del plan de control. “Este no es un desafío del SAG sino de la industria completa”, aseveró.

Resumió las medidas necesarias básicamente en: 1) Hacer los tratamientos de acuerdo a lo que indica el SAG, siguiendo la curva de vuelo. 2) Respetar las restricciones del área cuarentenada, respecto de movimiento de fruta y tratamientos. 3) Tomar medidas de bioseguridad en el predio, como no recibir camiones con tierra o cajones con material de desecho.

Consultado por el esfuerzo que esta campaña significará a los productores, el personero fue tajante: “Los químicos corren por cuenta de los productores. Ellos también tienen que proteger sus intereses”. Hizo notar, además que el Estado compró 30 mil trampas y contrató más de 500 personas para combatir la plaga (cantidad equivalente a cerca de un cuarto del contingente normal del SAG), todo lo cual ha involucrado una inversión en torno a los $ 6 mil millones. Y adelantó que para el próximo año se asignarán $ 10 mil millones en recursos frascos, exclusivamente para controlar la polilla.

Asimismo, anunció que están negociando un acuerdo con el Gobierno de Cataluña para recibir cooperación técnica-científica en la eliminación de la Lobesia. “Aunque la campaña de ellos no es erradicación, han tenido buenos resultados. En los cuarteles donde la estrategia se ha aplicado de manera sistemática ha desaparecido la plaga”, dijo.

Respecto de las pérdidas que ha significado la presencia del insecto en los viñedos chilenos, indicó que por ahora ni las ha habido. “Si dejáramos de actuar, las pérdidas podrían ser muy altas,”, acotó.

Un resguardo adicional que tomó la autoridad tiene relación con el procedimiento para internar maquinaria agrícola usada. Se estableció la obligación de declarar cuando la máquina es de segunda mano y ésta debe ser inspeccionada por funcionarios del SAG, para que ingrese en condiciones de higiene adecuadas.

 

Aplicaciones a destiempo

 

El director del Departamento de Sanidad Vegetal de la Universidad de Chile, Luis Sazo, dijo estar convencido de que es posible, en un período de cuatro años, tener bastante manejada y prácticamente erradicada la plaga de Lobesia Botrana. Pero para ello es esencial seguir correctamente un programa de control, especialmente en lo que tiene que ver con las aplicaciones de agroquímicos.

En ese sentido –y tras destacar la entrega gratuita de los confusores sexuales por parte del SAG, que según indicó, constituyen la base del plan de manejo- hizo ver que las primeras aplicaciones de temporada del programa fitosanitario se iniciaron a destiempo, en forma muy anticipada a la fecha que debieron comenzar para aprovechar toda su efectividad. De hecho, los primeros vuelos de la polilla fueron el indicio para aplicar, cuando la aparición de huevos y la conformación de racimos de tamaño suficiente para ser su sustrato, debió haber sido la señal clave para comenzar con el uso de pesticidas.

Si bien la polilla empezó a volar en septiembre, “los primeros huevos los vimos el 7 de octubre (en la zona de Linderos)” indicó Sazo, puntualizando que lo recomendable es aplicar un producto ovicida dentro de los 12 días siguientes, por cuanto el día 13 debiera eclosionar el primer huevo y nacer la primera larva, a partir de lo cual aconsejó usar un productote doble acción: ovicida y larvicida.

El profesor Sazo recalcó que es las  primeras aplicaciones de temporada cuando se pueden hacer más esfuerzos para controlar la plaga, debido a que a medida que nos acercamos a la vendimia existen mayores límites relacionados con las carencias y los residuos de agroquímicos en la fruta. El entomólogo indicó que lo apropiado es combatir la primera generación de la polilla con 2 o 3 aplicaciones: un ovicida, luego un ovicida, luego un ovicida-larvicida y terminar con un larvicida.

A juicio del especialista, aplicando de manera correcta el programa de erradicación definido es posible dejar al país libre de esta plaga, porque existen las herramientas para combatirla. Y agregó que tampoco está tan extendida como se cree. “Ha habido varias detecciones aisladas de adultos en las trampas, pero en la mayoría de los casos ello no significa que la especie se haya establecido en el lugar”, observó, añadiendo que es una especie cuyos adultos se desplazan en distancias reducidas (30 a 50 metros) y que si bien hay áreas más afectadas, existen zonas donde se ha encontrado una sola pupa o dos polillas a lo sumo. Asimismo, hizo notar que dentro de las más de 180 mil hectáreas de vides en el país, la superficie efectivamente afectada no supera el 5 – 7 %. “No seamos alarmistas”, aseveró.

 

Tratamientos costosos

 

El entomólogo Roberto González, profesor de la Universidad de Chile, especialista en biología de plagas, desarrollo de pesticidas y residuos de pesticidas, ha seguido muy de cerca la evolución de la Lobesia Botrana en el país. De acuerdo a su experiencia y conocimientos, cree que se logre erradicar este insecto, debido a la creciente extensión de su presencia, “lo que indicaría un ingreso y su establecimiento en varias localidades en cinco regiones del territorio nacional muy anteriores a lo previamente considerado”.

El experto hizo ver que no se ha logrado cuantificar la magnitud de la distribución de la plaga. “Todos los días está apareciendo focos nuevos”, señaló.                                                    

A su juicio, un plan de erradicación debiera intentarse con un mayor concurso de participación del sector interesado y en un plazo considerablemente menor a los proyectados seis años, como ha sido planteado oficialmente. “Una gran falencia de tal logística de erradicación es que las normas restrictivas y de defensa establecidas no dejarán ventanas para comenzar para comenzar a estudiar la ecología y defensa contra el insecto bajo nuestras propias condiciones, así como para comenzar el monitoreo de otras posibles plantas hospederas distintas a la vid, y finalmente para establecer mecanismos de control más reales con nuestro potencial económico”. Indicó.

En ese marco, opinó que el programa fitosanitario difundido en la industria vitivinícola, diseñado con el objetivo de eliminar la plaga, involucra tratamientos de alto costo con aplicaciones excesivas para la uva vinífera y de mesa, aunque precisó que es esta última la que resultaría más desfavorecida, por el mayor riesgo de que queden residuos en la fruta.

También hizo ver que algunas estrategias de manejo, como la instalación de confusores sexuales con demasiada anticipación respecto a la biología sexual del insecto, sólo producirán falta de resultados prácticos en un programa de erradicación, ya que “esa modalidad sólo se emplea para manejar la plaga dentro de parámetros de bajas poblaciones ya establecidas”, aparte de los altos costos que ese sistema tiene por unidad de superficie (unos 350 euros7ha), observó.

Asimismo, indicó que para las aplicaciones de fitosanitarios sean efectivas debe considerarse, además del estado de desarrollo del insecto, la fenología de la planta, puntualizando que la primera aplicación debe realizarse antes del apriete del racimo y que el control se hace sobre huevos y larvas. También preciso que no es necesario usar un producto específico para Lobesia sino uno con efecto más amplio, que combata a su vez, por ejemplo, el chanchito blanco.

“En el caso vitivinícola, se puede convivir con esta plaga. El principal riesgo es el residuo de pesticidas”, afirmó agregando que los europeos conviven con la polilla de la vid haciendo las aplicaciones de agroquímicos necesarias, antes que el daño progrese.

Fuente: revista Vendimia
Fuente de imagen ( larva lobesia botrana), rivistadiagraria.cl  

 

 

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