De un año a otro la empresa familiar ha más que duplicado sus ventas, expandiéndose fuertemente en los mercados internacionales. Su fuerte compromiso con la calidad llevó a la firma de Cholqui a conquistar a los consumidores del mundo.
Más que un negocio, la Viña Tres Palacios es una pasión. Su nombre lo debe a la aspiración del patriarca, Patricio Palacios, de legar la tradición, el romanticismo y todo lo que envuelve a la cultura del vino a la tercera generación de la familia. Junto a su esposa, María Inés Covarrubias, el fundador de la primera viña nacida en el valle de Cholqui, al interior del Maipo, asumió el compromiso con la tierra y la calidad.
La historia se remonta a 1997 cuando se plantaron los primeros viñedos, que cinco años después dieron origen a la primera botella. El comienzo de la aventura fue una verdadera apuesta. “De tres años de búsqueda, al ubicarse en un lugar completamente inexplorado, no tenía referencias de que existiera agua ni contaba con la presencia de viñedos aledaños, aunque finalmente éste resulto prodigioso, de acuerdocon la calidad de la fruta que nos ha entregado”, dice Patricio Palacios, cabeza de la familia.
Así, unidos por la fe y el apego a la tierra, Patricio, María Inés y sus hijos: Lucas, Ximena, Paula y Diego, subieron a la loma más alta de la propiedad, abrieron la botella del mejor vino de Chile de entonces y lo derramaron en el suelo, sellando el compromiso que daría origen a los vinos de las cepas Chardonnay, Merlot, Cabernet Sauvignon, Pinot Noir, Carménère y Sauvignon Blanc, que hoy llegan a los más exigentes mercados del mundo.
Pero no sólo el lugar es importante para elaborar un buen vino. Según Patricio Palacios, también es fundamental “conocer el manejo del viñedo, contar con una buena bodega y un buen enólogo comprometido con el espíritu del grupo y, por supuesto, tener las ganas”. Desde 2002, el sueño de la familia lleva la firma del enólogo Camilo Rahmer, quien los ha acompañado en esta travesía.
Expansión
El líder de la familia vitivinícola afirma que “este año hemos sido la viña boutique de mayor crecimiento en Chile, con un incremento de 200%”. Con un precio promedio de casi US$44, la firma que exporta el 85% de su producción y que primero conquistó a México con sus vinos, actualmente alcanza a 17 países, siendo Estados Unidos su principal destino.
Con miras a expandirse fuertemente en Asia y Brasil, en Tres Palacios reina el optimismo. No sólo por la gran cantidad de reconocimientos nacionales e internacionales obtenidos, sino también porque en Chile “la vitivinicultura está en buen camino. Cada vez se hace mejor vino. En este sector están involucradas muchas de las mejores personas del país, profesionales bien preparados, empresarios serios ycomprometidos con la escencia de la actividad y técnicos de primer nivel, lo que nos garantiza un futuro prometedor”, sostiene Patricio Palacios. Y es que, en su opinión, para alcanzar el éxito lo más importante es la gente.
En un mundo que avanza a paso raudo hacia la mecanización, la viña defiende la cautela, porque “el vino tiene que mantener siempre un toque artesanal. No se puede mecanizar más de la cuenta, ya que se pierde el espíritu”, afirma el empresario.
En esa línea, Camilo Rahmer dice estar convencido de que “lo que hacemos acá son vinos muy representativos del terroir donde están. Todo se hace con un manejo que busca expresarlo. Con la vinificación tratamos de no sobre extraer las propiedades de la uva, para lograr vinos redondos y equilibrados”.
“Hemos sido benditos con un terroir que es único, el cual entrega fruta especial y de primerísima calidad. Esta ha sido la clave de nuestro éxito”.
Viña de nicho
“Hemos sido benditos con un terroir que es único, el cual entrega fruta especial y de primerísima calidad, cada año mejor. Esta ha sido la clave de nuestro éxito”, afirma Lucas Palacios, gerente general. Otra de las claves del éxito de Tres Palacios es la férrea convicción de que Chile es una marca cada vez más reconocida en los mercados internacionales. Justamente, el gerente general de la empresa, argumenta que “mientras más promovamos la imagen de Chile, va a ser mejor para toda la industria, destacando la imagen de un país saludable y con amplia diversidad de terroirs”. Así lo han comprobado en la práctica, por cuanto –sin mediar grandes campañas de marketing– muchos extranjeros “llegan a visitar nuestros viñedos por propia iniciativa. Incluso, nos llamó KC and the Sunshine Band cuando vinieron al Festival de Viña. Querían conocernos, ya que eran asiduos consumidores de nuestros vinos en Miami. También nos visitaron el primer ministro de Dinamarca y el Secretario General del Parlamento
Europeo, entre otros. Además, la Presidenta, en su visita a Francia, llevó uno de nuestros mejores vinos para la recepción que ofreció. El vino elegido fue un estupendo Cholqui Carmèneré”, cuenta Patricio Palacios.
Cholqui es un pequeño valle circundado por grandes cadenas de cerros montañosos, abierto al océano por el Oeste, como un cráter de volcán, con apertura al mar. Esto le da una característica especial a la única viña del lugar: Tres Palacios.
Los caldos preparados por Camilo Rahmer, quien trabajó en Napa Valley para Kendal Jackson, se procesan en la bodega con capacidad para un millón de litros. Allí también se descubre un moderno y equipado laboratorio y una sala de guarda para más de 800 barricas.
En cuanto a la comercialización, en Tres Palacios no le temen a los enormes volúmenes que manejan las grandes exportadoras, pues “las viñas grandes necesitan de las viñas de
nuestro tamaño, porque la calidad del producto y el mayor valor lo aportan, en gran parte, este tipo de empresas, por su mayor valor unitario y la penetración en tiendas especializadas y restaurantes”, señala Patricio Palacios.
Incluso, el empresario comenta que hay distribuidores “que se dedican sólo a productos de viñas boutique. Tenemos uno en EE.UU. cuya política es trabajar con una empresa que ojalá sea familiar y con los dueños detrás. Ellos importan de Francia e Italia vinos de viñas muy similares a la nuestra”.
En ese contexto, Lucas Palacios argumenta que “queremos que los distribuidores vean no sólo un buen producto que se mantiene a través de los años, sino un proyecto mirado a largo plazo. A nosotros nos han ofrecido comprarnos grandes volumenes, pero ése no es nuestro objetivo”.
Los excelentes resultados de cada año respaldan el proyecto nacido en Cholqui. Pero, la confianza y la unión de la familia en torno a la cultura del vino son quizá los más fuertes eslabones de la cadena de éxitos de Tres Palacios. La segunda generación se tomó muy en serio la tarea de trabajar para su sucesión. Tanto que, Lucas, el hijo mayor, de profesión ingeniero comercial, tomó las riendas del negocio al asumir la gerencia general. Mientras que sus hermanas Ximena y Paula despliegan también todo su talento: la primera en consolidar las ventas del mercado nacional y la segunda en potenciar la imagen de la viña a través del diseño. En tanto, el menor de los Palacios, Diego, permanece en Borgoña, Francia, actualizando sus conocimientos en viticultura y enología para traer lo mejor de la vanguardia europea a la exclusiva y privilegiada firma boutique, nacida en un desconocido rincón del Valle del Maipo.
La bodega tiene una sala de guarda para más de 800 barricas.
La viña sostiene que para alcanzar el éxito lo más importante es la gente.